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En un enclave privilegiado de la Sierra del Guadarrama, a tan sólo 49 km de Madrid, se encuentra la villa de Miraflores de la Sierra. Cruce de caminos entre los puertos de La Morcuera y de Canencia, rodeado del más extenso melojar de la Comunidad de Madrid, este pequeño valle, a las faldas de la Najarra, ha ido configurándose como un importante foco turístico desde finales del s. XIX gracias a la bondad de su clima y la belleza de sus paisajes. Conocido por sus fuentes, sus aristocráticas villas de recreo y el otrora imponente Alamo al que cantara el insigne poeta Vicente Alexandre, vecino de este pueblo, Miraflores ofrece un inigualable marco para el disfrute del turista.
(...) El pueblo está en la escarpa de una sierra.
Arriba la Najarra.
Abajo la llanura, como una sed enorme de perderse.
Despeñado, colgante, quedó el pueblo agrupado
bajo el árbol.
(...)
Fragmento del poema “El Álamo”. Vicente Aleixandre.
Miraflores de la Sierra en Verano
Es el verano la estación en la que esta pequeña villa
multiplica notablemente sus habitantes con la legada de numerosos veraneantes llegados al refugio de sus suaves temperaturas. Vecinos y veraneantes disfrutan de las fiestas patronales en honor de Nuestra Señora de la Asunción el día 15 de agosto. Advocación ésta a la que esta dedicada la iglesia parroquial, construida en el S.XV siguiendo el patrón de las iglesias del señorío de los Mendoza en la Sierra del Guadarrama. Plazas y calles se animan con numerosas terrazas, pudiendo disfrutar a la vez del paisaje, arquitectura y gastronomía local.
Tras reponer fuerzas, la frondosa ribera y el robledal ofrecen su frescor a los paseantes que se adentren en los caminos que llevan hasta el embalse de Miraflores.
Miraflores de la Sierra en Otoño
El otoño despliega todo su esplendor en los innumerables matices que van del amarillo de fresnos y chopos al rojo de los arces y arraclanes, pasando por el omnipresente ocre de los robles. Numerosas especies ofrecen sus bayas y frutos, salpicando el paisaje de rojo, azul o negro y convirtiendo el bosque entorno a Miraflores en un trasiego continuo de aves frutivoras, zorros, jabalíes, roedores e insectos varios. Con la aparición de las lluvias otoñales reverdecen los musgos y líquenes que engalanan los troncos y las caprichosas rocas del Guadarama, mientras que la húmeda tierra fértil nos ofrece las primeras setas de la temporada que el turista podrá degustar en las tradicionales jornadas gastronómicas que ofrecen los restaurantes del lugar o recoger en su ascensión por la ruta hacia la Parada del Rey, lugar de habitual de parada de las comitivas reales en su camino a El Paular.
Miraflores de la Sierra en Invierno
“Por los Santos nieve en los altos y por San Andrés Nieve en los pies” reza el dicho popular macureño, recordándonos que es la nieve el principal atractivo de la localidad en invierno. Tanto grupos familiares como deportistas tienen en Miraflores de la Sierra un punto de partida idóneo para practicar esquí de fondo por los puertos de Canencia o Morcuera, disfrutar jugando con los más pequeños en alegres batallas, patinar o deslizárse en trineo por las laderas de la Najarra.
Llegado el día 3 de febrero se celebra en Miraflores la Fiesta de San Blas que tiene a los Perreros como protagonistas, rememorando la creencia de que durante la invasión francesa, algunos hombres del pueblo, con cencerros a la espalda, hicieron creer a los franceses que una manada de ganado en estampida acudía tras ellos librándose así el pueblo de su presencia. La fiesta se celebra con una romería que lleva al santo hasta el Humilladero de San Blas donde se comen las tradicionales patatas con bacalao. Ruta ésta que puede reproducir el viajero partiendo desde la Fuente del Cura.
Miraflores de la Sierra en Primavera
El letargo invernal da paso a un verde intenso con el paulatino aumento de las horas de luz. Una explosión de vida se adueña de las laderas, brotando por doquier la hierba en los pastizales, floreciendo un sinnúmero de especies y revoloteando las aves en su retorno migratorio en busca de los insectos que acaban de eclosionar. Es la estación de cría por antonomasia de la mayoría de los animales quehabitan estas montañas: las aves, desde carboneros hasta aguilas calzadas, corzos, jabalíes, lirones caretos… Todo se prepara para la llegada de la Fiesta Mayor de la Primavera: San Isidro. Es esta estación la idónea para realizar la ascensión al Pico de la Pala visible desde todos los rincones del municipio.
