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Almócita es una pequeña y tranquila población de la Alpujarra almeriense, esencialmente agrícola, situada en la comarca del Medio Andarax, entre los montes de Sierra Nevada y la Sierra de Gádor y a una distancia de 54 km de la capital de la provincia, Almería. Cuenta con una población de 156 habitantes de los que 83 son hombres y 73 mujeres. Se encuentra a una altitud sobre el nivel del mar de 835 metros y ocupa una extensión de 30’83 km2.
En Almócita pervive la historia y el legado árabe, tanto en sus calles como en su arquitectura, conservando aún la Judería en el Barrio Bajo, con sus habitáculos en ruinas de gran valor. Este pueblo, que se muestra tan callado y humilde, encierra en su casco urbano la arquitectura morisca mejor conservada de la provincia. Sus casas son sencillas y sus calles estrechas y serpenteantes, y es grato encontrar en su interior plazas adornadas con enredaderas y geranios. Antiguamente contaba con un aljibe árabe comunal que abastecía al pueblo, sobre el que actualmente se halla ubicado el Ayuntamiento, así como con una fuente, un baño, un horno de pan junto a la mezquita, un molino harinero en el río de Bogaraya, una fábrica de hierro, una herrería y dos almazaras.
En la época medieval contaron con grandes criaderos de gusanos de seda y moreras, por lo que poseía una gran industria de seda. En la Sierra de Gádor aún se puede contemplar la torre de la antigua fábrica llamada de “La Escopeta”, en el barranco del Pilar, como también las ruinas de las minas de La Pandora y la Minilla. Al oeste encontramos una cantera de pizarras que fueron aprovechadas para reformar y revestir el vestíbulo y techos de las antiguas fundiciones de plomo que se encontraban en esta localidad.
Tradicionalmente producía, y aún produce en su mayor parte, aceite, almendra y uva de mesa o de embarque, y en su jurisdicción se hallaban parte de las famosas minas de plomo de la Solana. Estas fueron una gran fuente de riqueza en el pasado reciente y estaban ubicadas en el Cerro del Capitán, otero que domina el pueblo.
Su historia discurre en paralelo a la del resto de los lugares de la zona aunque es importante resaltar un episodio histórico ocurrido en el año 1570. En este año se produjo la llegada de don Juan de Austria para negociar la reducción de moriscos sublevados en la Alpujarra, cuya paz se celebró bajo una encina en el Cortijo del Hadid, que desde entonces pasó a llamarse “Cortijo de las Paces”.
En pleno centro del casco urbano encontramos la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Misericordia, con elaboradas portadas barrocas, cuya nave está destechada y sólo conserva el artesonado mudéjar de su capilla mayor, restaurado recientemente. Distintas partes, entre ellas su torre, fueron reedificadas a finales del siglo XVII, aunque estas restauraciones no se ajustaron al modelo original, dando lugar a la ruptura de la armonía del monumento pero no por ello sin perder su belleza.
También resultan de interés, además de los edificios populares que aún se pueden contemplar, el lavadero público existente en la Plaza de la Libertad, bajo una estancia abovedada, y la Ermita de Nuestra Señora de los Desamparados, situada sobre un promontorio entre Beires y Almócita, que comparten la ermita junto a otra localidad vecina, Padules. Se recomienda un paseo por los Tajos de Cuevacaliente y del Laerón, sobre el Barranco del Bosque, que fue de donde se extrajo la cantería para la construcción de la mencionada iglesia. Su vega, escalonada sobre el río Andarax, es fértil y además nos ofrece maravillosos paisajes entre las altas montañas, barrancos y cerros que la rodean.
Celebra su fiesta grande en honor de su patrón, San Blas, el 3 de febrero, una fiesta entrañable, de carácter religioso, donde la gente recibirá a los visitantes con los brazos abiertos y en la que se suelen organizar diversas actividades tales como exposiciones, concursos, competiciones y la Verbena Popular.
En septiembre, junto a los ayuntamientos de las vecinas Beires, Padules y Ohanes, tiene lugar la romería de la “Virgencica”, Nuestra Señora de los Desamparados, en la que se bendice a los recién nacidos, animales domésticos y se hacen ofrendas de flores, además de organizarse hogueras nocturnas.
Almócita cuenta con diferentes casas rurales para alquilar, es un pueblo tremendamente tranquilo, ideal para relajarse, recuperar fuerzas y combatir el ritmo de vida de estrés actual acercándonos a sus gentes y a la naturaleza que la rodea.
